Nuestros valores

Singularidad:

Este principio considera que toda persona es un ser único e irrepetible, por lo que es distinto a todos los demás. Esto traducido a la práctica pedagógica es una invitación a respetar la diversidad. Al ser reconocida la singularidad, se reconoce la individualidad de cada ser humano y el respeto que se merecen las particularidades y los ritmos de cada persona. Este respeto debe traducirse en una pedagogía que sea adaptable a cada alumno(a) y que fomente la creatividad e iniciativas de cada uno.

El ser humano, debido a su naturaleza trascendente, está hecho para superarse. Esta trascendencia se manifiesta en una actividad creadora que tiende a la realización personal y a la manifestación de la auténtica personalidad. El alumno crea descubriendo nuevas relaciones entre elementos ya dados, toda vez que el docente le proporciona oportunidades de expresión y le pide conceptos personales. Uno de los objetivos de la educación es hacer al sujeto consciente de sus posibilidades y de sus limitaciones, por lo que el profesor tiene como desafío comprometerse con el crecimiento de cada alumno, reconociendo su aporte distintivo, queriéndole y exigiéndole de acuerdo a su particular realidad.

El Colegio San Francisco de Paine tiene en este aspecto una misión fundamental, pues en su quehacer permanente debe guiar a los niños y jóvenes en el descubrimiento de su personal sentido de vida, puesto que el ser humano se realiza en la medida que puede aportar lo que sólo él puede aportar, en cuanto es capaz de exteriorizar y desarrollar su vocación personal.

Principio de autonomía:

La Educación Personalizada considera que el ser humano no sólo es libre, sino que además debe estar consciente de esta libertad. En pedagogía esto significa que al alumno se le educa en su capacidad de tomar decisiones y de actuar siguiendo una elección personal y no de acuerdo a una obligación ciega. Esto implica también que posee la capacidad de comprometerse y responsabilizarse con lo que elija.

Asimismo, la autonomía está relacionada con la necesidad de que el niño entienda con claridad la finalidad que persigue cada actividad y que tenga un rol activo en la planificación de su propia educación. Una exigencia de la Educación Personalizada es el ofrecimiento de posibilidades de elección entre distintas situaciones, con el objeto de que los alumnos vayan ejercitándose en el uso de la libertad. El acto de elegir debe realizarse como consecuencia de la reflexión acerca de las posibilidades que al alumno se le presentan.

En relación con el binomio autoridad- disciplina, la Educación Personalizada considera siempre la disciplina exterior a través de normas y leyes que emanan de la autoridad, como un medio para ir adquiriendo una auténtica disciplina interior, que representa su estructura moral. De este modo, la disciplina exterior no es un fin en sí misma, sino que sólo un medio para fortalecer la voluntad, de tal manera que paulatinamente se vaya adquiriendo un autodominio que permita el ejercicio correcto de la libertad.

El alumno disciplinado aprende a encontrar en las normas y en los instrumentos pedagógicos, medios para autodisciplinarse y va creando mecanismos de autocontrol y equilibrio moral. Va interiorizando un cierto vigor espiritual, hecho de la capacidad de renuncia y sacrificio, de control de sus tendencias y de reconocimiento de la libertad de otros.

Principio de Apertura:

La persona es un ser abierto a los demás, con la necesidad primordial de comunicarse con ellos. Los seres humanos existimos en el entrecruzamiento del lenguaje y las emociones, que se da en la interacción con los demás. Así, el aprender se da en la transformación que tiene lugar en la convivencia diaria.

La apertura enfatiza la dimensión social o comunicativa de la acción educativa en cada alumno. Comunicación y participación se enlazan, pero sólo resultan fáciles de lograr en una atmósfera distendida. En la diaria convivencia en el Colegio se busca que los alumnos puedan expresarse espontáneamente, sin temor a equivocarse, sin temor a no ser acogidos y escuchados, sin temor a no ser respetados.

La relación profesor-alumno contiene una apelación del alumno a la persona del profesor, haciéndole una invitación a que lo acepte, a que lo quiera, a que le dé la posibilidad de existir. De esta forma, el profesor se abre a sus alumnos en fe y confianza, para conocerlos con amor e inteligencia. Los orienta y educa para la convivencia, el respeto, la amistad y la autenticidad. Los forma para la cooperación y la ayuda mutua.